sábado, 8 de octubre de 2011



Parques Naturales del El Hondo (Parc Natural del Fondo en valenciano) y de las Salinas de Santa Pola

El Sol arranca destellos plateados de la laguna, desde nuestra atalaya móvil; el cercanías que nos acerca a la estación de Crevillente, podemos ver a la incipiente luz del amanecer toda la hondonada que formaba la antigua albufera de Elche. Este será hoy nuestro destino.

Donada por el rey al duque de Arcos, en el siglo XVII formaba una enorme albufera que las lluvias y el Vinalopó inundaban periódicamente y que el duque dedicaba a la explotación cinegética y piscícola. En 1845, Madoz constata la reducción de la laguna, separándose en dos zonas por un terreno seco, llegando a desecarse casi completamente en el s. XVIII por la propia colmatación natural y por los drenajes a que la sometió el cardenal Belluga.


Con una extensión, que abarcaba las actuales poblaciones de San Felipe Neri, Dolores, Catral y San Isidro de Albatera por el Oeste, la línea de costa por el Sur, las estribaciones del cabo de Santa Pola por el Este y las sierras de Crevillente y Elche por el Norte, hoy solo quedan dos zonas inundadas y las dos artificiales. Una; los embalses de la Comunidad de Riegos de Levante, que forman la base del Parque Natural del Hondo y la otra, las explotaciones salineras de Santa Pola.

Parque Natural del El Hondo

Las aguas, proceden de la desembocadura del río Segura y son elevadas desde el Molino de San Antonio para abastecer a los regantes de la Comunidad de Riegos de Levante. Se construyeron estos embalses en la zona más profunda de la antigua laguna, están separados por el canal y tienen una extensión de 450 hectáreas el de levante y 650 el de poniente, con una capacidad de 5 y 11 millones de metros cúbicos respectivamente, regando una superficie cercana a la 40.000 hectáreas entre San Juan y Orihuela. Están rodeados por otras lagunas de menor entidad y abundantes saladares.

El Parque ocupa una extensión de 2.387 hectáreas de alto interés medioambiental, los embalses, aunque de agua dulce, poseen un alto grado de eutrofia, motivo de la escasa vegetación sumergida. En las motas y aguas poco profundas el carrizo monopoliza, junto a algunos juncos, el terreno. Las lagunas periféricas, de poca profundidad y aguas salobres, favorecen las formaciones de saladar como la suaeda, típica de la zona y de gran interés por su carácter endémico del sudeste peninsular.

–Nos encontramos con un paisano caña en ristre, a la captura de la anguila, ¿y si sale un mújol o una carpa? La devuelvo al canal, a mí solo me gusta la anguila.-

Especies como el mújol y la anguila abundan en el parque, pero su especie más importante es el fartet (Aphanius iberus), un ciprinodóntido endémico del mediterráneo español.

La avifauna es la mayor riqueza del parque, con una diversa y abundante cantidad de aves, pero su estrella es la cerceta pardilla, que tiene en el Hondo su principal punto de cría de toda la península. Esta acompañada por la malvasía cabeciblanca con una de las mayores poblaciones a nivel mundial.

Durante la época de nidificación podemos encontrar una importante colonia de diversas especies de garzas, entre las que destaca por su escasez la imperial (Ardea purpurea). Abundan las anatidas entre las que destacan, el pato colorao y el porrón común, acompañados la mayoría de las ocasiones por el tarro blanco.

En aguas poco profundas, encontramos limícolas como la avoceta, la cigüeñuela y la canastera. En el parque reside una importante colonia de flamencos.

Descripción del recorrido

El Sol asciende suavemente sobre los campos de labor, iluminando la carretera que nos conduce desde la estación de ferrocarril de Crevillente hasta el centro de interpretación del Fondo. Suave pedaleo, casi sin tráfico. Un agricultor se afana por extraer algo de la tierra. Hacia el Sur, se extiende el saladar, desde la bicicleta no se ven las lagunas, pero se intuyen cerca. Sobre el azarbe de Elche, vemos los primeros carteles del centro de interpretación, los seguimos. Al encontrarnos con el azarbe de la Rambla, seguimos por él, casi sin darnos cuenta llegamos al centro de interpretación. Los empleados nos tienden con cordialidad, responden pacientes a nuestras preguntas y nos recomiendan los mejores itinerarios.

Rodamos, hipnotizados por las estrías que forman las juntas de las tablas, sobre una pasarela de madera. Empezamos a ver algunas aves limícolas. Pronto llegamos a los observatorios, aquí nos quedamos un rato observando las aves, la próxima vez vendremos con unos prismáticos más grandes, tiene que ser muy entretenido.

Continuamos por el azarbe del Riacho, vemos un grupo de flamencos. Bordeamos el embalse de poniente y la laguna del Hondo. Cruzamos el canal de riego de Levante que separa los dos embalses, continuamos bordando el de levante por el azarbe del Dalt. Una garza se recorta majestuosa contra el cielo azul.

Pasamos la elevación del Progreso y continuamos por el mismo azarbe que no tendremos más remedio que abandonar, una enorme puerta de acero y madera nos impide el paso –una pena nos hubiera llevado al interior del Parque Natural de las Salinas Santa Pola, a menos de 2 kilómetros-, continuamos por un GR, el 232 que recorre el término municipal de Santa Pola.

El GR se enmaraña bastante y lo dejamos buscando un mejor camino. Lo encontramos, pasa junto a unas casas llamadas de Irles y volvemos a encontrarnos con el GR que ya no dejaremos hasta llegar a Santa Pola. Bordeamos las estepas salinas y los saladares que rodean el Parque hasta la misma población.

Estamos en Playa Lisa, tras dar un paseo –gran numero de bañistas disfrutaban de este postrero sol de otoño-, decidimos comer, ya visitaríamos a la tarde las montañas de sal y el museo de la sal. Lo primero lo conseguimos, lo segundo no. A pesar de los carteles en que se leía que la hora de apertura era a las 16.00 h., ya pasaba media hora y aquello seguía cerrado.

Decidimos continuar por el carril-bici de la CV-865 que nos llevaría en línea recta hasta la población de Elche y al cercanías que nos retornaría a casa.

Parque Natural de las Salinas de Santa Pola

De historia compartida con el del Hondo, será a finales del s. XIX y principios del XX cuando se produce la gran trasformación de este espacio natural a consecuencia de la instalación de las explotaciones salineras. Las salinas comenzaron a funcionar en 1890 en el Pinet y posteriormente en el Braç del Port.

El parque tiene una extensión de 2.470 hectáreas, en su mayor parte ocupado por las propias balsas salineras, que le confieren un especial atractivo debido a su vistosa coloración rosada, de mayor o menor intensidad según su concentración salina.

Las salinas mediterráneas suscitan un gran interés biológico, debido a que el agua de mar no se detiene durante el invierno. Las balsas permanecen inundadas durante todo el año, por lo que el ecosistema se mantiene, las aves se alimentan de peces e invertebrados que penetran en las salinas y estas se benefician de la riqueza mineral aportada por los excrementos de las aves.

El Parque está formado por diversos ecosistemas bien diferenciados que interactúan entre sí. El litoral, con su cordón arenoso formado por tres tipos de dunas: las fijas, con vegetación de repoblación, especialmente de pinos y eucaliptos plantados a principios del s. XX. Las semifijas, donde la vegetación es escasa, predominando las especies adaptadas a la arena. Y por último las móviles, más escasas y sin vegetación, que son desplazadas por el viento. Las balsas salineras forman su propio ecosistema, al igual que los cinturones de saladar que las rodean, con especies de sosas especialmente adaptadas a la alta salinidad del suelo. Finalizando con las estepas salinas que rodean a su vez a los saladares, con endemismos propios como la saladilla de Santa Pola.

En relación a las aves del parque, podemos decir que es una importante zona de nidificación, en especial para la avoceta, la cigüeñuela, el charran, el chorlitejo, el tarro blanco y la cerceta pardilla, esta última en peligro de extinción. Las anatidas son abundantes, al igual que el flamenco, de los que llegan a concentrarse más de 8.000 individuos. Tampoco son difíciles de ver aves ligadas a ecosistemas húmedos, como el aguilucho lagunero.

Mariano Vicente. Murcia, octubre de 2011

domingo, 27 de marzo de 2011

Prohibido prohibir

Vaya por delante que uno no es valedor de este grito que la juventud de mayo del 68 enarbolo como lema.

La sociedad; para su correcto funcionamiento necesita de normas que sean asumidas por todos sus miembros, basadas en el interés general y en el respeto a los intereses de cada uno de sus miembros.

Dice Sabater:

“Prohibido prohibir” fue uno de los lemas del ahora denostado Mayo del 68 y acepto desde luego que, tomado literalmente, se trata de una peligrosa exageración. Pero entiendo que su verdadero significado era: “prohibidos los inquisidores que quieren salvarnos de lo que somos, por nuestro bien”.

Algunas veces se tiende, por parte de la administración, a la solución de un conflicto de intereses con la publicación de una norma restringiendo o prohibiendo una determinada actividad, argumentando el interés general o la defensa de la Naturaleza.

Esto es sencillo, lo difícil, es conjugar los intereses presentes en el conflicto de tal manera que todos los colectivos implicados salgan beneficiados.

Viene esto a cuento por la noticia publicada en el diario La Verdad el miércoles, 23 de marzo de 2011 titulado: “Frenazo al ciclismo extremo en El Valleen el que se hace referencia a la prohibición de circulación de bicicletas por senderos y caminos de anchura inferior al metro y medio. Norma dictada por la Comunidad Autónoma para todos los Espacios Naturales de la Región de Murcia.

La industria de la bicicleta supo intuir hacia donde se decantaban los deseos de la sociedad, naciendo así el MTB. Actividad que se fue especializando en diversas modalidades. Pero en esencia, las denominadas bicicletas de montaña, como su nombre indica, son para la montaña. Están dotadas de sofisticadas suspensiones, potentes frenos de disco y elevada tecnología. ¿Para qué? Supongo que para circular por terrenos algo más complicados que carreteras y pistas, la mayoría de las veces abiertas al tráfico, como es el caso del Valle.

Se alude en el artículo al posible deterioro que los ciclistas provocan en la naturaleza con su actividad, como una de las razones principales para prohibir su uso, olvidando en ocasiones los beneficios que para la sociedad conlleva la práctica de esta actividad.

Se habla de la utilización de los cortafuegos para algunas de las modalidades de mtb y yo me pregunto cuál es el problema.

La RAE lo define como: Vereda ancha que se deja en los sembrados y montes para que no se propaguen los incendios. Se hacen con maquinaría pesada, que se ha tenido que llevar hasta allí abriendo nuevos caminos y desforestando el bosque. Se tienden líneas de alta tensión y se ensanchan caminos para facilitar el acceso a los medios contra incendios. Porque no aprovechar todo esto y acondicionar estos espacios para la práctica del mtb en sus modalidades más extremas, obteniendo un balance favorable para la sociedad.

¿Porqué prohibir? Acondicionemos estos espacios, actuemos sobre los puntos más sensibles a la degradación, fomentemos así el uso del mtb responsable, generemos riqueza y conocimiento del entorno. Distemos después, si son necesarias, normas que lo regulen en los que se salvaguarden los intereses de todos los colectivos implicados.

Igual solo nos falta recuperar el significado de vocablos, hoy en desuso, como educación, en su espectro más amplio, o el de respeto.

El problema no es prohibir. El problema es lo que se prohíbe y porqué.

Mariano Vicente de Haro, marzo 2011.